La historia del café se remonta al siglo XIII, aunque el origen del café sigue sin esclarecerse. Se cree que los ancestros etíopes del actual pueblo oromo fueron los primeros en descubrir y reconocer el efecto energizante de los granos de la planta del café;1 sin embargo, no se ha hallado evidencia directa que indique en qué parte de África crecía o qué nativos lo habrían usado como un estimulante o incluso conocieran su existencia antes del siglo XVII.
La historia de Kaldia, un criador de cabras etíope del siglo IX que habría descubierto el café, no apareció escrita hasta 1671 y es probablemente apócrifa.
Se cree que, desde Etiopía, el café fue propagado a Egipto y Yemen. La evidencia creíble más temprana de cualquier bebida de café o conocimiento del árbol del café aparece a mediados del siglo XV, en los monasterios sufi de Yemen.1 Fue allí, en Arabia, donde los granos de café fueron tostados y molidos por primera vez en una forma similar a como son preparados en la actualidad. Para el siglo XVI, se había expandido por el resto del Medio Oriente, Persia,
Turquía y África del Norte. Luego, el café se extendió a Italia y el resto de Europa hasta Indonesia y el continente americano.
El café, además de ser una bebida exquisita, ha permitido el desarrollo económico de buenos sectores de diferentes países. Tal el caso de Brasil, que desde el siglo XIX viene apoyando su mercado en este noble producto. De ese modo, Brasil pasó de explotar el oro a subsistir gracias al café por aquel entonces.
Podemos encontrarnos con algunas cuestiones más que interesantes. Así como uno, hoy por hoy, disfruta de un café en su hogar, es bueno saber también que, en otros tiempos, hubieron pueblos que lo emplearon como un camino de desarrollo económico. Tal el caso de Brasil. El mercado brasileño del siglo XIX, allá por 1830, estaba atravesando una serie de altibajos que ponían en jaque cualquier estabilidad.
Fueron los empresarios de aquel país decidieron que podían dejar de lado un poco la explotación de oro y centrarse en el café, que hasta aquel entonces estaba destinado al consumo local. Esto se dio conjuntamente con un importante desarrollo de los ferrocarriles y el crecimiento de algunos núcleos urbanos. Pero también al clima más que propicio de aquel territorio para que el café crezca a pasos agigantados.
Otro de los factores clave en el desarrollo del café como elemento económico de singular importancia en Brasil fue la creciente inmigración: así, con la necesidad de mano de obra, todo se dio en concordancia. Para fines del siglo XIX, el café representaba en Brasil el 63 por ciento de las exportaciones, lo que permitió un desarrollo económico mucho más sustentable para el país sudamericano.